Querido Padre Jesús:
En este día tan especial, quiero comenzar dando gracias desde lo más profundo de mi corazón. Gracias por la vida, por cada amanecer y por cada paso que me ayudas a dar, incluso cuando el miedo intenta paralizarme.
Gracias, Señor, por acompañarme cada día en este camino de la agorafobia, por ayudarme a llevarla con un poquito menos de temor y un poquito más de esperanza. Gracias por esos momentos tan vívidos y especiales que pude vivir durante la DECA, rodeada de compañeros y compañeras maravillosos, y guiada por profesores extraordinarios. A través de ellos, me ayudaste a cumplir un pequeño gran sueño que guardaba en el corazón.
Gracias por buscarme cuando me sentía perdida, por recordarme que no estaba sola y por sostenerme con tu amor. Tu apoyo durante aquellos meses fue un verdadero regalo, y tus enseñanzas me han permitido conocerte un poquito más, sentirte más cerca y confiar más plenamente en Ti.
Te doy gracias, Padre, por darme la mano cada mañana, por seguir a mi lado en los momentos un poco más duros y por no soltarme nunca. Gracias también por la salud que nos regalas a toda mi familia y por cada bendición, grande o pequeña, que derramas sobre nosotros.
Con humildad, fe y gratitud, pongo mi vida en tus manos, confiando en que seguirás guiando mis pasos con tu amor infinito.
Amén.
