Niño Jesús.
A veces basta con mirarte dormido en el pesebre para que mi alma se calme. Hay algo en tu fragilidad que me enseña a vivir más despacio, más ligero, más confiado. Tú, tan pequeño, sostienes el universo. Yo, tan adulta, todavía busco aprender esa simpleza.
Hoy solo quiero sentarme a tu lado y dejar que tu presencia me hable. Sin prisa. Sin ruido.
Niño Jesús, enséñame a mirar la vida con tus ojos: sin miedo, con asombro y con amor.Quédate conmigo.
Yo me quedo contigo.
