Mila

Querido Jesús, en esta Navidad quiero decirte que me alegra que seas un bebé, para poder abrazarte y comprobar que fuiste tan débil y necesitado como yo. Mira, he querido prepararme bien, esperar con esperanza, desearte, orar más, estar más alegre… Y al final, cagada. Prisas, mal humor, y Tú en el olvido. Qué pobre me siento, qué frágil, qué poco valen mis propositos y qué poco soy de fiar. Mi corazon no es ese espacio limpito y confortable que deseaba ofrecerte. Está lleno de miedos, de incertidumbre, de inseguridades…Sin ventilar y con una capa de ego que se ve desde el Metrosat. No he sabido ofrecerte algo mejor. Me consuela saber que tu naciste en un espacio que no era un palacio precisamente. Y que aún asi, viniste, te hiciste como nosotros, nos esperaste, nos buscaste… Gracias. Gracias, gracias por dejarte abrazar. Por hacerte pequeño y necesitado y porque nos amas por encima de nuestras miserias. Gracias. Ahora me callo. Te miro y te beso.