Mi Niño Jesús:
Hoy quiero escribirte con el corazón tranquilo y agradecido. Gracias por todas esas pequeñas luces que vas encendiendo en mi vida sin que yo siempre me dé cuenta. Gracias por las personas que pones en mi camino, por las oportunidades que se abren sin esperarlo y por la paz que llega cuando más la necesito.
Gracias por acompañarme incluso en los días en los que no logro encontrarte. Gracias por tu paciencia, por tu ternura y por recordarme que todo empieza nuevamente cuando te dejo entrar.
Gracias por tanto.
